dissabte, 30 d’abril de 2011

1 de Maig amb perspectiva de gènere: Lucía Gonzalez

Celebrant les més  de 7000 visites al Dit a la nafra que a poca a poc, és un espai més col·lectiu i més compartit, un petit text que vaig matxambrar al 2008, sobre Lucía Gonzalez ("Lucy Parsons"), per ampliar la història invisible de les dones lluitadores, comencem amb una de les seves frases:
“Somos las esclavas de los esclavos. Nos explotan más despiadadamente que a los hombres”


Lucy González de Parsons
Su verdadero nombre era Lucía Eldine González y nació en 1853 en Johnson Country, Texas. Lucía solía decir que era hija de una mexicana y de un indio creek, y se consideraba mexicana. A los tres años de edad quedó huérfana, por lo que un tío materno la crió en un rancho de Texas. Investigaciones recientes señalan que probablemente Lucía fue esclava en ese rancho. El historiador James D. Cockcroft la definió como “… una activista obrera toda su vida”.

Lucía, que tenía cualidades de organizadora, se aficionó a la lectura y en 1878 comenzó a redactar artículos sobre diversos temas, entre otros sobre los sin techo, los desocupados, los vagabundos, los veteranos de la Guerra Civil y sobre el papel de la mujer en la construcción del socialismo. También contribuyó a formar la Unión de Mujeres Trabajadoras de Chicago, la misma que en 1882 Los Caballeros del Trabajo reconocieron y sumaron a sus filas (en esos años no se permitía la militancia de mujeres en las organizaciones). Además, participó en la fundación de la International Workin People's Asociation (I.W.P.A), de ideas anarquistas, que promovía la acción directa contra los capitalistas.

En 1885, en plena efervescencia por la jornada de ocho horas, fue muy activa en la organización de las costureras de la industria maquiladora (sweat-shops). Colaboraba con artículos para el periódico La Alarma que editaba A.Parsons. En una nota publicada el 3 de abril de 1886, denunció que los negros eran víctimas sólo porque eran pobres, planteando que el racismo desaparecería inevitablemente con la destrucción del capitalismo.

El 1 de mayo de 1886, llevando de la mano a sus pequeños hijos (Lulú de ocho años y Albertito de siete) Lucía y Alberto caminaban hacia el lugar del mitin repitiendo la consigna que estaba en boca de miles de trabajadores y trabajadoras: “no queremos trabajar más de ocho horas”. El 4 de mayo se realizó un mitin en la Plaza Haymarket para protestar por la represión policial, que había cobrado seis vidas obreras frente a la fábrica Mc Cormik cuando una bomba mató al policía Degan.

Lucía y Alberto, luego que éste hablara en el mitin, se encontraban junto a sus hijos en el Salón Zept' s, lo que demuestra que nada tuvieron que ver con aquella bomba, por la cual se condenó a quienes luego se convertirían en los Mártires de Chicago a morir en la horca o purgar largas condenas en la cárcel.
La burla que significó aquella parodia de juicio es conocida, pero consignemos que Lucía no se resignó. Acompañada por sus hijos recorrió todo el país durante casi un año. Se dirigió a más de 200 mil personas en 16 estados, hablando de noche y viajando de día. Escribió centenares de cartas a sindicatos y distintas autoridades, tanto de Estados Unidos como de todo el mundo.

Cuando el 9 de octubre de 1886 se dictó la sentencia de muerte Lucía estaba en la sala, apretó su puño contra el rostro y no quiso derramar lágrimas frente a los verdugos. Tomó los cordones de una cortina, los amarró como el nudo de una horca y los lanzó por la ventana. Era un último y desesperado intento para que los trabajadores reunidos frente al tribunal reaccionaran.
Poco antes de que lo ahorcaran, Alberto escribía: “A mi pobre y querida esposa: Tú eres una mujer del pueblo y al pueblo te lego. Debo hacerte una petición: no cometas ningún acto temerario cuando yo me haya ido, pero asume la causa del socialismo, ya que yo me veo obligado a abandonarla”.

Tras el ahorcamiento de su esposo, Lucía siguió recorriendo el país, organizando a las trabajadoras y escribiendo en periódicos sindicales. Participó en las movilizaciones de 1890, cuando se conmemoró por primera vez el 1 de Mayo en Estados Unidos.

En junio de 1905 estuvo presente en la constitución de Trabajadores Industriales del Mundo (IWW, por sus siglas en inglés), organización influenciada por el anarcosindicalismo. En aquella oportunidad manifestó: “He tomado la palabra porque ninguna mujer ha respondido, y siento que no estoy fuera de lugar para decir a mi manera algunas pocas palabras sobre este movimiento. Nosotras, las mujeres de este país, no tenemos ningún voto, ni aunque deseáramos utilizarlo, y la única manera de estar representadas es tomar a un hombre para representarnos. Ustedes los hombres han hecho tal lío en la representación de nosotras que no tenemos mucha confianza en preguntarles; y yo me sentiría rara al pedirle a un hombre que me represente. No tenemos ningún voto, sólo nuestro trabajo... Somos esclavas de los esclavos. Nos explotan más despiadadamente que a los hombres. Donde quiera que los salarios deban ser reducidos, los capitalistas utilizan a las mujeres para reducirlos, y si hay cualquier cosa que ustedes los hombres deben hacer en el futuro, es organizar a las mujeres”.

El 15 de diciembre de 1911 realizó un balance sobre los efectos de la publicación "Los famosos discursos de los Mártires de Haymarket", declarando que ya había vendido 10.000l copias al tiempo que anunciaba una sexta edición de 12000 ejemplares. En 1913, a los 60 años de edad, fue detenida por la policía de Los Ángeles. Un artículo suyo dedicado a los Mártires de Chicago, escrito en 1926, finalizaba con las siguientes palabras: “Descansen, camaradas, descansen. ¡Todos los mañanas son suyos!”.

A los 89 años, Lucía seguía activa, cuando la muerte la sorprendió en Chicago al incendiarse su casa en 1942. Finalizaban 62 años de activismo feminista y politicosindical, pero aun muerta la policía la seguía considerando una amenaza, pues sus documentos personales fueron confiscados.
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